domingo, 3 de mayo de 2009

-¿Crees que esto mejorará algún día?-me pregunté más a mí misma que a él-¿Alguna vez conseguiré que el corazón deje de intentar saltar fuera de mi pecho cuando me tocas?
-La verdad, espero que no- respondió, un poco pagado de si mismo
Puse lo ojos en blanco
-Anda, vamos a ver como los Capuleto y los Montesco se destrozan unos a otros ¿vale?
-Tus deseos son órdenes para mí
Edward de repantingó en el sofá mientras yo ponía la película, pasando rápido los créditos del principio. Me envolvió la cintura con sus brazos y me reclinó contra su pecho cuando me senté junto a él en el borde del sofá. No era exactamente tan cómodo como un cojín, pero yo lo prefería con diferencia. Su pecho era frío y duro, aunque perfecto, como una escultura de hielo. Tomó la manta de punto que descansaba, doblada, sobre el respaldo del sofá y me envolvió con ella para que no me congelara al contacto con su cuerpo.
-¿Sabes? Romeo no me cae nada bien- comentó cuando comenzó la película.
-¿Y qué le pasa a Romeo?-le pregunté, un poco molesta. Era uno de mis personajes de ficción favoritos. Creo que hasta estaba un poco enamorada de él hasta que conocí a Edward.
-Bien, en primer lugar, está enamorado de esa Rosalinda, ¿No te parece que es un poco voluble? Y luego, unos pocos minutos después de su boda, mata al primo de Julieta. No es precisamente un rasgo de brillantez. Acumula un error tras otro. ¿Habría alguna otra manera más completa de destruir su felicidad?
Suspiré
-¿Quieres que la vea yo sola?
-No, de todos modos, yo estaré mirándote a ti las mayor parte del rato-sus dedos se deslizaron por mi piel trazando formas, poniéndome la carne de gallina-¿Te vas a poner a llorar?
-Probablemente-admití-Si estás pendiente de mí todo el rato.
-Entonces no te distraeré-pero sentí sus labios contra mi pelo y eso me distrajo bastante
La película captó mi interés a ratos, gracias en buena parte a que Edward me susurraba los versos de Romeo al oído, con su irresistible voz aterciopelada, que convertía la del actor en un sonido débil y basto en comparación. Y claro que lloré, para su diversión, cuando Julieta se despierta y encuentra a su reciente esposo muerto.
-He de admitir que le tengo una especie de envidia-dijo Edward secándome las lagrimas con un mechón de mi propio pelo.
-Ella es muy guapa
El hizo un sonido de disgusto
-No le envidio la chica, sino la facilidad para suicidarse-aclaró con tono de burla-¡para vosotros, los humanos, es tan sencillo! Todo lo que tenéis que hacer es tragaros un pequeño vial de extractos de plantas…
-¿Qué?-inquirí con un grito ahogado
-Es algo que tuve que plantearme una vez, y sé por le experiencia de Carlisle que no es nada sencillo. Ni siquiera estoy seguro de cuantas formas de matarse probó Carlisle al principio, cuando se dio cuenta de en que se había convertido…-su voz, que se había tornado mucho mas seria, se volvió ligera otra vez-y no cabe duda de que sigue con una salud excelente
Me retorcí para poder leer su expresión
-¿De que estás hablando?-quise saber-qué quieres decir con eso de que tuviste que planteártelo una vez?
-La primavera pasada, cuando tu casi…casi te mataron…-hizo una pausa para inspirar profundamente, luchando por volver al tono socarrón de antes-claro que estaba concentrado en encontrarte con vida, pero una parte de mi mente estaba elaborando un plan de emergencia por si las cosas no salían bien. Y como te decía no es tan fácil para mi como para un humano.
Los recuerdos de mi último viaje a Phoenix me embargaron durante un segundo sentí cierto vértigo. Aun conservaba en mi memoria, con total nitidez, el sol cegador y las oleadas de calor procedentes del asfalto mientras corría a toda prisa y con ansiedad al encuentro del sádico vampiro que quería torturarme hasta la muerte. James me esperaba en la habitación de los espejos con mi madre como rehén, o eso suponía yo. No supe hasta más tarde que todo era una treta. Lo que tampoco sabia James es que Edward se apresuraba a salvarme. Lo consiguió a tiempo pero por muy poco.
De manera inconsciente, mis dedos se deslizaron por la cicatriz en forma de madia luna de mi mano, siempre a varios grados por debajo de la temperatura del resto de mi piel.
Sacudí la cabeza, como si con eso pudiera deshacerme de todos los malos recuerdos e intente comprender lo que Edward quería decir, mientras sentía un incomodo peso en el estómago.
-¿Un plan de emergencia?-repetí
-Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti-puso los ojos en blanco como si eso fuera algo evidente hasta para un niño.







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